Tres elementos constituyen la estructura de la relación jurídica: los sujetos, el objeto y su contenido.
El primer elemento a analizar, el sujeto, lo podemos dividir en:

Sujeto activo de la relación es aquel al cual el ordenamiento jurídico atribuye o reconoce el poder (o derecho subjetivo) de obtener la realización de su interés; por ejemplo, el pago de su crédito.
Sujeto pasivo es aquel a cuyo cargo está el deber de realizar el interés del sujeto activo; por ejemplo, pagar el crédito.

Las personas ligadas por una relación jurídica (verbigracia, por efecto de un contrato) se denominan partes. Contrapuesto al concepto de parte es el de tercero, que es la persona que no es parte o sujeto de una relación jurídica.

El segundo elemento de la relación jurídica es el objeto, que está constituido por la entidad sobre la que recae el interés envuelto en la relación: bienes materiales o inmateriales, actos singulares de otras personas, los servicios y un sector de la actividad humana, como sucede en los derechos de familia.

El último elemento de la relación jurídica es su contenido, que está formado por los poderes y deberes que la relación encierra y que constituyen su integral substancia. Tales poderes pueden ser únicos o múltiples, y unilaterales o recíprocos. En un comodato o préstamo, por ejemplo, el poder es unilateral, y corresponde al comodante (el que dio en préstamo la cosa) que tiene el derecho a exigir la devolución de lo prestado. En la compraventa, verbigracia, los poderes son recíprocos, porque, por un lado, el comprador tiene derecho a exigir la entrega de la cosa comparada, y por el otro lado, el vendedor el pago del precio.

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